jueves, 31 de marzo de 2016

CINCUENTA AÑOS NO ES NADA


Tengo la suerte de conservar algunas fotos de mi juventud que ya puedo considerar de museo.
Esta, en concreto está tomada en agosto de 1970. Quedó grabada en mi memoria y en mi archivo con un sentimiento de nostalgia. Cuando la contemplo se desvía la comisura de mis labios para inevitablemente formar una sonrisa amable y a la vez autocomplaciente.
El lugar Monte Igueldo, en los comienzos de una década que sería determinante en nuestras vidas.
Esa decisión atrevida pero segura que veo dibujada en nuestras figuras y en nuestros rostros, es seguramente la huella genética de miles de generaciones que nos dieron forma, saltando en las brasas de la vida para conseguir sobrevivir.
Y eso hemos hecho hasta hoy mediando casi medio siglo, cuarenta y seis años para ser más exactos. Un suspiro de tiempo que apenas podíamos imaginar en aquella foto de trípode y caja de madera.
Tampoco podíamos imaginar ni siquiera remotamente el mundo al que llegaríamos después de todos estos años y que intentaríamos repetir esa imagen esta vez en color. Eso si , un poco más abajo el la playa de la Concha y rodeados de tantos humanos que desde Monte Igueldo seguro parecería un hormiguero.
Esta vez la instantánea la compuso mi hija, convertida en lazarillo de las tierras vascas.
Si alguien imagina un mundo futuro, le diré que lo siento, pero no participo de su proyecto. No es por llevarle la contraria, pero he podido observar en este corto lapso de tiempo que la cuarta dimensión nos obsequia con hechos inimaginables.
En este caso muy agradables como esta foto en color llena de sentidos y significados para nuestros ojos.
Un abrazo para todos vosotros( amigos del norte ) y en especial para ti PATXI que atesoras la paciencia de pasear con tus padres.