sábado, 21 de julio de 2012
LA RIA Y LOS KAYAKS
Son afortunados estos palístas; en el corazón de la ciudad pueden practicar su deporte favorito.
Me imagino una tarde, quizá cubierto el cielo de nubes y no demasiado cálida, con el aire convertido en viento cacheteando el rostro.
Una lluvia fina, a intervalos, cayendo sobre mi.
El agua se llena de burbujas que explotan para reaparecer de nuevo, mientras la pala se hunde e impulsa el barco, suave, ritmicamente... los bigotes de la proa se alargan y escucho el murmullo del avance.
Entonces, miro al frente, una alfombra de agua, aparentemente interminable se extiende delante de mis ojos y pienso:
Hasta las olas y más allá.
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