lunes, 3 de junio de 2013

FELICIDAD


Ese ideal humano perseguido e inalcanzado tanto más escurridizo cuanto más es pregonado, se manifiesta siempre sin sentir. De modo que cuando uno se apercibe de la sensación de felicidad consciente, esta escurridiza compañera desaparece dejando un "déjà vu" de su presencia.
La primavera es una estación privilegiada para su visita, sobre todo cuando un sol radiante ilumina las estancias y una ligera brisa acompaña los aires perfumados de las flores.
Cuando los niños juegan y los mayores están concentrados en tareas absorbentes ya sea una lectura, una apacible costura o los instantes que anteceden al abandono del dormir; en estas circunstancias cuando la temperatura es de 23º y la humedad de 41% la felicidad nos visita sin que nos demos cuenta.
Abandonados de su presencia, los sentidos nos informan del bienestar existencial, pero ya es tarde, podremos gozar del entorno y congratularnos de que nada nos molesta en nuestro cuerpo, compartir con nuestros seres queridos la agradable situación... pero ella se habrá marchado.
Un pensamiento quedara fijado mientras nos dure la memoria: Somos felices muchas veces pero no lo suficiente conscientes de lograrlo.

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