miércoles, 31 de julio de 2013

AJUSTAR LAS VELAS

La navegación a vela es una gran experiencia. Cuanto más pequeño es el bajel, más a merced de los cambiantes fenómenos meteorológicos se encuentra su capitán.

El pelo se eriza con los cambios de la brisa y el equilibrio se examina con cada una de las olas que se elevan bajo la orza.

Los vientos suben y bajan el ímpetu y cambian su dirección, a veces de un modo imprevisible.

La vista escruta el horizonte y descubre espumas y brillos que la experiencia analiza.

Las manos sujetan la caña que gobierna el timón y se interpreta su fuerza.

La naturaleza no tiene intención y el marino anhela su puerto. Por ello hay que cambiar las velas, ajustar su superficie, su plano en relación con el viento, el abombamiento, la flexión del palo.
En ocasiones es preciso abordar cambios profundos: Trimar la jarcia, cerrar escotillas, incluso utilizar arnés para no salir despedido a una mar que nos reclama.

Nuestros propios medios pueden convertirse en los verdugos...Una botavara incontrolada, un cabo que se suelta o aferra de improviso o acaso un fijación sobre cubierta que busca nuestro pie para impedir su paso.

El viento en ocasiones arrecia tan fuerte y la mar está tan levantada que un par de manos no pueden ni con el timón ni con el chigre. El corazón se encoge y el ánimo desfallece y nos parece que hemos llegado al limite de nuestras fuerzas.
El esfuerzo sinérgico de los navegantes conforta las mentes y al final la tormenta cede. La sonrisa vuelve a los labios y nos sabemos más expertos.


Todo ello y mucho más es el arte de de navegar, de vivir  entre las cretas espumosas de las olas y el espejo aceitoso de la calma.

Entre el partir y el llegar hay bellos atardeceres y preciosas madrugadas. También tormentas desatadas y calmas desesperantes.

Al final la taberna del puerto, siempre acogedora.

Para vivir hay que ajustar nuestra mente y nuestro cuerpo, como las velas.. Adaptarse a los vientos y las olas de lo cotidiano hasta morir.
La muerte al fin como decía Borges ..."Es una vida vivida"

lunes, 8 de julio de 2013

PARAR EL MUNDO



De vez en cuando es necesario detenerse y reflexionar para tomar impulso.
La vida cotidiana es la vida, no hay otra, pero sin darnos cuenta vamos viviendo en los sueños, de modo que la vida se nos antoja en ocasiones un quehacer aburrido y espeso.
La densidad aparente de nuestro entorno parece solidificarse como el ajoaceite, cuesta remover el almirez y cruje en cada vuelta.
Las piernas pesan y parecen pegarse al asfalto a cada paso con el que intentamos alejarnos del vórtice que nos hace girar alrededor del vacío.

Lo peor de todo no es sentirse arrastrado al oscuro centro del remolino.

Ese pensamiento circular de menosprecio que se instala dueño de una herencia que no le pertenece, prepotente y pedante, con un discurso cargado de razones y consecuencias como si conociera tu destino.
Hay que expulsarlo sin contemplaciones de la mesa y de la silla. Hacer pedazos su existencia y borrarlo para siempre del recuerdo. Para respirar profundo y ver como desparece el negro eje de un giro que no existía.

Es preciso parar el mundo, solo o con incondicional ayuda, para palpar tu vida, para recuperar el sol de la mañana y recorrer las horas que te pertenecen  sin esperar el minuto extraordinario.

No vivimos otra vida que la que estamos viviendo y hay que recordarlo a cada instante. 

Es lo único que nos salva del infierno que no es otra cosa que la realidad descubierta demasiado tarde.

Para vivir diariamente...Con las condiciones acostumbradas...



lunes, 1 de julio de 2013

EL PERIQUITO PATRICIO


También en el trabajo se lleva uno sorpresas. Estas suelen venir de de perros que te consideran un intruso al visitar el domicilio de sus amos. “No Hace nada” suele ser la frase socorrida de sus dueños, mientras el can la mayoría de las veces un pequeño ladrador con alma de lobo, te muestra sus caninos en medio de una orgía de gruñidos, babea rabiosamente para convencerte que si por el fuera, tus tobillos serian carne picada.

Lo que no se espera uno es un ataque volandero y por la azotea.

Y es que el periquito PATRICIO tiene por costumbre posarse en las cabezas de los habitantes de la casa.
Superada la punzante sorpresa que el inesperado contacto me produce, se posa en mi hombro para tomar protagonismo en este blog.

Patricio tiene habilidades adicionales además de asustar a los incautos visitantes de la casa como yo.
De un modo amable y familiar me muestran como domina el juego de llaves con el que se entretiene incansablemente.

La verdad es que entre perros malhumorados y periquitos, me quedo con el pájaro.
¿ Que te parece Patxi...?