burlarse de uno mismo es la terapia
y si el ejercicio se mostrara insuficiente,
reírse de la sombra es infalible.
Una señora patilarga y desgarbada se cruza con mi andar entre los pinos acompañada de una perra de mil leches llena de pulgas hasta las orejas.
Viendo el can la oportunidad de congratularse con su dueña, se lanza en pos de mi con un gruñido.
¡ANA! grita la colega que tendrá mi edad y ya es castigo. ¡ANA! repite censurando.
Sueltas la perra y su dueña, vagando a su albedrío, deja la primera su fénta y la segunda sus malos humos, sin bozal camina el chucho y sin sentido su ama.
El can pensando que la oportunidad la pintan calva, viéndome de corto y despistando, para captar la atención de su patrona me sigue los pasos satisfecha mientras chasquea sus mandíbulas al viento.
Estoy por tirar al ojo de este bicho una bellota, nombrarla mientras recorre su destino y gritar en tono tierno:
¡GODOFREDA!...BELLOTITA... no dejes tuerta a la perrita.
No hay comentarios:
Publicar un comentario