Encabezonarse, no bajarse del burro, radicalizarse, tienen menos predicamento por lo denostado de su significado.
Inevitablemente renunciar a las propias ideas, abandonar los proyectos, someter las creencias lleva implícito un deterioro del ánimo, al quebrantamiento del yo, a la frustración y el abandono.
Hoy mientras me ejercitaba, rumiando en el soliloquio silencioso, imaginaba que al final todos seremos subyugados por el destino, este ultimo, tomado como el arquetipo del enemigo invencible, inevitable vencedor de nuestras vidas.
En ocasiones ofuscados confundimos sin embargo obstinación con entereza.
Debe de haber un modo de distinguir la cerrazón de la de firmeza, me preguntaba con voz alta en mi silencio.
Fantaseando he dejado volar mis pensamientos y buscando solución al desconcierto y a quien entregar yo mi bandera, encontré un vencedor muy generoso.
Puesto que he de rendirme para evitar el fanatismo, me rendiré venciendo, si entrego entendimiento y estandarte a la que desde hoy será mi dueña, pues rendido estoy a la EVIDENCIA.
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